Me duele la espalda, a estas horas de la noche siempre duele la espalda, solo que ahora que lo pienso, siempre es de noche en mi espalda…
Cuando niña pesaba que uno juntaba hijos en la espalda por cada cosa mala que hacia, por pensar mal, por sentir envidia, por pegarle al hermano. Pensé que tenía que arreglarlo que luego el peso no me dejaría caminar tranquila o simplemente no me dejaría caminar en paz o ni siquiera caminar. Pensé luego que los herméticos eran una mierda.
Esos hijos después de cada perdida, digo, de las veces en las que me perdí en disculpas sin fundamento, en las perdidas de mi misma metiéndome que drogas que drogas y no me escuchaba y escuchaba música y metal y punk y no me gustó nunca el punk porque me desesperaba, y no me escuchaba y no oía las voces de los grandes, solo a éstos hijos de mierda que me comían el tuétano y las pocas esperanzas que saque con suerte del hoyo imaginario. Digo imaginario porque mi vida iba bien, muy bien… o por lo menos era criada de buena forma. Supe que estaba bien criada cuando no dejé que mi amigo me violara, ni acepté hacerle una felación (bella palabra para decir que quería que le chupara el pene como una actriz porno)
Sigo pensando en mi espalda, que luego con los años sirvió para proteger y contener las frentes de hombres perdidos, para tragar sus angustias mal hechas. Otras veces siento que de ella sale un cordón umbilical que se conecta incesante con mi amor infértil y se estira y estira, lo he sorprendido queriendo ahogarme por la noche, no se quien está al otro lado, solo se que se estira. Sería agradable amarrarle un envase vacío de yogurt y escuchar lo que hay allá al otro lado (que alternativa).
No todo está mal, descubrí que ella tiene una gran personalidad, digámoslo así, es una maldita, muy despierta muy despierta, rebelde muy rebelde, no se queja, y ahora se quiere ir, dice que en estas condiciones con tantos hijos no piensa vivir, ahora me quedo sin espalda, que triste. Me duele esta espalda que tantos años ha aguantado, me duele el olvido y la razón, me duelen los hijos y la falta de leche, me duele haberlos hecho y haber llorado.
Agarró sus maletas y se fue como si viviera en los espantosos setentas, como si fuera de los asquerosos y recordados setentas.
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